Todo texto aquí visto es pura creación de grillito, alias Azul, alias Fairy, alias la chica astronauta, alias Azul, alias la loca esa

toda imagen aquí vista es pura creación de alguna persona, ecepto grillito, a menos que ella diga lo contrario. Si quieren ver dibujos de ella, vayan a http://lachicamariposa.deviantart.com/

Procuren no chocarse con la luna!

martes, 22 de junio de 2010

carmela VUELVE

yo puedo escuchar tu voz,
renacer de las cenizas,
un humo negro que embriaga,
recojer tu cuerpo hecho trizas.

la oscuridad consumiendo tu ser,
la última liz del circo,
el calor de un abrazo
y un beso mezquino.
Vuelve... Carmela vuelve...
aunque duela demaciado
vuelve, Carmela vuelve,
nadie va a hacerte daño.
Amontonar discos en una esquina,
contar anécdotas viejas,
solo para recordarte
pintarme de color sepia.
atrapada entre el cielo y el infierno,
Carmela, no tienes salida.
Baila al son de un antiguo blues
y regalame una última sonrisa.
Vuelve... Carmela vuelve...
aunque duela demaciado
vuelve, Carmela vuelve,
nadie va a hacerte daño.

ojalá me doliera un poco más,
tu aucensia doliera más.
Ya soy grande y me la banco,
ya soy grande: no necesito tu canto.

vuelve... carmela vuelve...

viernes, 23 de abril de 2010

El amuleto de la suerte


La señorita Webber aún recuerda aquellos tiempos en los que solo era la pequeña Lizzie. Una chiquilla de 10 años, que, a pesar de estar entrando en la adolescencia, su aspecto no era muy diferente al de una niña. Era esbelta y delgada, de cabello negro como la tinta, y lacio y largo hasta las caderas. Sus ojos parecían dos confites de chocolate, y si la mirabas de cerca, encontrabas tres pecas en su nariz. No era mucho más que eso.
Tenía movimientos gráciles, y no era fea, pero tampoco podemos decir que era linda. Aún así, su presencia podía llenar una habitación.
Más o menos, así era Lizzie. Una niña audaz y atrevida, pero muy querida. De todas formas, ella vivía acomplejada con sus defectos físicos. Y esa era una inseguridad que no salía al aire hasta que se plantaba frente a los jueces de la liga de torneos de gimnasia artística.
Las primeras veces que fue a competir, se dirigió a su posición totalmente calmada y segura. Pero cuando el silbato sonaba indicando que debía comenzar, una fuerza sobrenatural la aplastaba contra el piso y le impedía moverse.
Tiempo después, cuando se dio cuenta de lo que significaba competir, ni siquiera llegaba a ponerse en su lugar ya que terminaba vomitando de los nervios.
Cada vez iba perdiendo más la confianza en si misma. Nunca había tenido problemas de pánico escénico, más bien todo lo contrario, a ella le gustaba mostrarse, y que los demás la miren.
Terminó sintiéndose desalentada, ya que sabía que nunca iba a poder mostrarle al mundo lo buena que era en ese deporte, y que su profesora, al ver sus problemas de ansiedad, había perdido totalmente el interés en ella.
Una tarde estaba en el bar del club donde practicaba gimnasia, tomando una bebida pues habían tenido una clase agotadora. Se le cayó una moneda debajo de la mesa y se agachó para recogerla.
Fue entonces cuando encontró el amuleto.
La cadena de este rodeaba un papel doblado. Lizzie agarró la moneda y luego, con mucha curiosidad, desdobló el papel. La nota decía:
“Para quien lo encuentre, que seguro lo utilizará mejor que yo”
Luego miró con atención el collar. Era sencillo, con una cadena dorada muy finita, y un pequeño dije de oro con unos dibujitos en negro no muy visibles.
Se lo puso y lo ocultó bajo sus ropas. La señorita Webber nunca olvidaría que en ese entonces tenía trece años.
Una semana más tarde, Lizzie compitió exitosamente, obteniendo el puntaje más alto de su categoría.
Desde entonces las cosas nunca volvieron a ser las mismas.
Actualmente, la señorita Elizabeth Webber tiene 87 años y posee muy buena salud (o al menos eso creen los médicos).
Fue campeona mundial de gimnasia artística, aunque nadie la recuerda por eso.
Tuvo una brillante carrera de periodista, fue cara de un noticiero y escribió cinco libros, los cuales tres fueron best seller, y tres recibieron algún otro premio. Se casó cuatro veces y las cuatro se divorció. No tuvo hijos.
La señorita Webber considera ese amuleto – y con razón – su amuleto de la suerte. Es un amuleto poderoso, y hay que saber utilizarlo si no quieres que ocurran catástrofes. Uno suele dejarse llevar por impulsos y terminar deseando cosas terribles. Pero si sabes utilizarlo, puedes llegar a ser la persona más dichosa del mundo.
Y la señorita Webber supo utilizarlo bastante bien.
Muy pocas veces anduvo sin su amuleto.
La primera vez se le cayó en el trabajo, y se dio cuenta inmediatamente. Se volvió loca buscándolo, ese día las cosas se le pusieron patas para arriba. Todo le salía mal. Lo encontró una de sus compañeras de trabajo, y se lo devolvió cuando se estaba yendo.
La segunda vez se le cayó en su casa, y no se dio cuenta hasta que, ese día, su jefe le preguntó una cuenta sencilla, y se percató de que el primer número que le venía a la cabeza no era el correcto.
Y es que ese amuleto le daba suerte, pero no fue gracias a la suerte que había superado su problema de ansiedad, si no que creía que con el amuleto encima nunca le pasaría nada malo.
La tercera vez que se lo sacó fue apenas hace unos años atrás. Se le salió mientras dormía. Automáticamente se despertó sintiendo que muchas cuchillas le cortaban la garganta y la respiración. Intentó hablar, y se dio cuenta que no pudo. Entonces se percató que no llevaba el collar puesto y lo buscó desesperadamente. En cuanto se lo puso sintió como le volvía el alma al cuerpo.
Fue ahí cuando comprendió que la única razón por la que seguía viva era gracias al amuleto, y que apenas se lo sacara correría peligro de muerte.
Pero lo que nunca supo fue el verdadero significado del amuleto, al menos no en su totalidad.
Ese no era un amuleto de la suerte, si no un amuleto de la vida, que alejaba a la muerte en todas sus formas y mantenía a su usuario feliz.
Pero, como dicen, mientras más grande seas, más larga y dolorosa será tu caída. Y es que el amuleto no te hacía inmortal. En algún momento, la muerte daría un golpe tan fuerte que destrozaría la magia de ese escudo, y haría de tu final – precisamente – algo largo y doloroso.
La señorita Webber nunca lo supo. Pero un día, estando sola (sola como estaba siempre) en su enorme casa, pensó en el pasado y sonrió.
Nunca había querido tener un hijo. La idea de cuidar a un niño no se le hacía nada tentadora. Y ahora era lo único de lo que se arrepentía.
Pensó que ya lo había hecho todo. Pensó que era inútil seguir con esta farsa, por que es una farsa llamar vida a ser una vieja solitaria y amargada en su enorme casa cuando habías tenido tan hermoso pasado. Entonces se quitó el amuleto.
Murió sin sentir ni siquiera una navaja en la garganta.
La vida y la muerte se conmovieron tanto al ver a esa vieja entregarse al nuevo mundo con los brazos abiertos, que cumplieron su último deseo.
El amuleto brillaba y se deformaba, iba creciendo y tomando la forma de un bebé.
Poco después, se escuchó el llanto de un niño.
El hijo de la señorita Webber, el señor de la vida y la muerte, había despertado.

El mundo de las musas

Todos tenemos un mundo remoto en nuestras cabezas, solo que a veces no nos damos cuenta. Pero cuando intentamos crear algo nuevo, o, dicho de otra manera, buscamos la inspiración, instantáneamente (casi inconcientemente) entramos al mundo de las musas.
El artista por excelencia: un chico joven que no sobrepasa los 25 años (edades en la que uno todavía no tiene los pies bien puestos sobre la tierra) con el pelo rozándole los hombros (normalmente atado a una colita, para que no moleste ni interrumpa momentos de concentración) vestido de manera que notes que su pasión no es la moda, con algún que otro lápiz detrás de la oreja, y una libretita en el bolsillo de su saco.
Nuestro artista vaga por los caminos de su mundo de calles de tierra y trajes medievales.
Busca sin saber que está buscando, pensando en sus problemas personales, en su familia, en sus deseos, en sus sueños rotos…
Vienen vendedores, ofreciéndole objetos antiguos, pero el apenas los mira, pues está muy concentrado en sus pensamientos. Ellos no tienen lo que él necesita.
Sigue caminando, y allí, justo allí, aparecen las musas. Las encargadas de distraer al artista de las cosas que lo entristecen y de quitarle peso a su alma.
Ellas se le acercan y le sonríen. Tienen los labios pintados de rojo y las pestañas espesas. Son dueñas de un cuerpo voluptuoso y de una risa estridente y provocadora.
Pero esta vez ellas no bastan. Él sigue caminando. Hoy, las risas no son más que un ruido enfermizo, los labios rojos un color tan fuerte que daña la vista, y las provocaciones, solo molestias.
Empieza a creer que necesita estar solo, pero la soledad no hace más que dejarlo a solas con su tristeza.
Y justo cuando cree que nada puede ayudarlo, aparece ella.
Una jovencita (por lo menos 3 años más chica que él) vestida de ropa opaca, sentada, apoyando la espalda en la pared de una casa, tapándose el cuerpo con las manos. Su pelo, un castaño claro que le llegaba hasta los hombros. A diferencia de las otras musas, tenía el pecho plano, pero unos ojos miel que te llenaban de calor con solo mirarlos. Parecía algo triste.
El artista se acercó a ella y se agachó para ponerse a su altura.
- Eres perfecta. – le dijo, y la joven lo miró, primero sin comprender, pero luego soltando una sonrisa involuntaria, tan bella, que hubiera logrado que hasta el corazón más fuerte se derritiese. El artista saboreó esa belleza, esa belleza tan simple, que no aturdía, una belleza digna de apreciar. Llenó su mente de su rostro, y luego le dio la mano para ayudarla a levantarse.

El artista abre los ojos. Toma un pincel. Toca el lienzo. Instantáneamente, pinta un cuadro que trata sobre el sueño adolescente.

El ciudadano del cielo


Ellos crecieron en un mundo surrealista, donde todos estaban acostumbrados a las cosas que pasan de repente, y sin explicación alguna.
Desde tiempos inmemorables que ellos juegan juntos, esquivando los peligros del mundo entre juegos y risas.
Ella era Anette, y él, simplemente Toby.
Pero un día, solo como otra de esas cosas que sucedían en aquel mundo, cosas que pasan sin que nadie las viera venir, Toby desapareció.
Anette y él jugaban carreras, ambos con un globo en la mano. Toby iba ganando, llegó antes que la niña al final de la vereda y dobló la esquina.
Fue la última vez que Anette supo de él.
Su desaparición nunca pareció ser algo real. Anette aún intenta convencerse de que su ausencia no es más que un producto de su imaginación. Los sueños suelen ser más macizos que la realidad, sobre todo en ese mundo.
De pequeña, le preguntó a su madre, con los ojos llorosos.
-¿Dónde está Toby?
- Se fue al cielo- se limitó a responderle
Desde ese momento lo comprendió todo, y decidió que lo iba a esperar. Pase lo que pase, lo iba esperar.
Se sintió incapaz de crecer sin su amigo a su lado. No pudo cambiar, siguió siendo la misma niña, esa que tenía un globo en la mano.
Y lo esperó, durante 5 años, lo esperó.
Hasta que una linda tarde de abril él volvió.
Había bajado del cielo, había concluido su largo viaje de 5 años dispuesto a volver a vivir su vida normal.
Pero ya no era el mismo. Había crecido, y el cielo lo había convertido en uno de sus ciudadanos. Todo su cuerpo se había tornado de un tenue color celeste.
Anette lo odió y odió al cielo por lo que le había hecho su amigo. Ese no era el niño que recordaba, el niño del globo en la mano. Se negó a dirigirle la palabra, se negó a mirarlo.
Pero el cielo no abandona tan fácilmente a aquellos que forman parte de su mundo. El cielo es un agujero negro que se chupa a la gente que más quieres.
Así que Toby fue siendo cada vez más y más celeste hasta que se fusionó con el firmamento del mediodía.
Anette le rogó al cielo que le devolviera a su amigo, a su verdadero amigo, el niñito de piel morena que jugaba carreras con ella.
Pero ese niño no existía más, y Anette nunca pudo cambiar. Nunca soltó el globo de su mano.

martes, 13 de octubre de 2009

alas para los humanos


Todo era oscuridad.
Por alguna razón, muchas historias comienzan en oscuridad. Como nosotros, cuando estábamos en la panza de nuestras madres, y aún no habíamos desarrollado el sentido de la vista. O como el universo, cuando no había nada.
Pero la verdad, es que nadie sabe como fueron las cosas en esos momentos. A lo mejor no estaba todo oscuro. O no existía luz que nos permita diferenciar la oscuridad.
Pero esta historia comienza en oscuridad, y eso es cierto. En lo más negro de las penumbras, cuyo espectáculo terrorífico solo podía presenciarlo una pequeña niña asustada. Lloraba, porque no entendía nada. Toda esa realidad confusa se le había desmoronado en la oscuridad, y simplemente hacía lo que hacía cuando no sabía que hacer.
El tiempo en la oscuridad es difícil de medir, sobretodo cuando solamente estás sentado, llorando. A lo mejor solo pasaron unos segundos, o días, cuando la oscuridad se vio interrumpida por la luz, que provenía de una puerta que se abría. Fue la primera vez en ese tramo desconocido de tiempo que la niña pudo ver algo que no sea si misma. Sus ojos se desviaron primero en el color de pared, un rojo amarronado. Y luego, el primer rostro después de la oscuridad.
Un chico alto, de piel morena, una expresión amable, aunque crispada por alguna razón. Tenía el pelo negro como la tinta, y a ese nivel que no estaba ni largo ni corto. Vestía una bata blanca.
Ya lo conocía. Se llamaba Kevin, e iba a su escuela.
El chico miró a la niña, que poseía esos ojos redondos y celestes como burbujas, ese pelo dorado que brillaba en la oscuridad, esa expresión de nena inocente y asustada, que no cabía en su propio cuerpo, y se sintió trabado por el remordimiento. Pero su mente se encontraba en algo muy serio como para dejarse engañar por una chica tontarrona e infradotada.
- dale, salí- le dijo en voz baja.
La chica gimió de forma audible, y mientras se acercaba a la salida, estos parecían aumentar su volumen.
Kevin la condujo por un pasillo hacia una sala llena de diversos aparatos tecnológicos, y el que más llamaba la atención era uno que consistía de un enorme cilindro de cristal. En esa sala, habían algunos hombres trabajando.
Kevin se dirigió hacia uno de ellos.
- aquí está, padre.
El señor, que también vestía bata blanca, sonrió.
- Perfecto- dijo, luego miró a la niña, la tomó de la mano, como si quisiera desplazarla – ven aquí… ¿cómo es que llama…?
- Pía- respondió Kevin fríamente
- Ven aquí, Pía, no sabes cuan necesario era que estés aquí… - dijo, y la hizo caminar hasta el aparato del cilindro. La chica estaba asustada, y cuando todos menos se lo esperaban, se largó a gritar incongruencias.
El señor la tranquilizó. La metió adentro del cilindro de cristal. La niña volvió a desesperarse. El señor le dijo que se calmara. Que todo iba a estar bien. Que cuando saliera, se iba a sentir mejor que nunca. Libre. Hermosa.
La chica no entendía sus palabras, pero le tranquilizaba la voz de aquel extraño científico. Así que se calmó.
El señor sonrió una vez más. Y con el mejor humor del mundo, se puso a apretar unos botones que formaban parte de la máquina.
Mientras hacía esto, le preguntó a Kevin.
- Sabés porqué te pedí que la trajeras hasta acá, ¿verdad?
- Si, por el alma. – respondió.
- ¡Exacto! – dijo con orgullo y con placer - ¿y porqué es diferente a la nuestra? ¿Por qué esta alma es necesaria para nuestro proyecto?
-por la discapacidad que tiene la chica. Su dificultad para comprender el mundo la vuelve más inocente. Esto hace que cuando le crezcan las alas no vaya disparada hacia el sol, como los demás seres humanos.
El señor lanzó una risotada.
- ¡Exacto! ¡qué muchacho, qué muchacho…!- y luego masculló algo que nadie entendió.
El chico se quedó pensando. Era cierto, el era muy aplicado para su edad, y eso que no llegaba ni a los 12. Y a pesar de todo lo que había vivido, él seguía siendo un niño…
- Preparate, Kevin, estás a punto de presenciar eso que Los Buscadores han buscado durante décadas. ¡El hombre alado! – dijo estas palabras con tal satisfacción que largó a reír una vez más, y bajó una palanca.
Fue ahí que diversos rayos cubrieron el interior del cilindro. La chica entró a una especie de locura. Gritó con todo lo que pudo, de miedo, de susto. Luego los rayos cambiaron de color, y se dirigieron hacia ella. Y entonces si que gritó, pero por motivos diferentes… Era dolor, todo se dieron cuenta de que era dolor. Era un dolor tangible y que Pía no comprendería. Luego se divisaron como unos pequeños cuernos que crecían en su espalda. Los gritos eran desgarradores.
- Humm… - dijo el señor- el progreso va demasiado acelerado… ¡Kevin! apretá el botón de apagado, ese que está al lado tuyo.
Kevin, quizá por el intelecto poco natural que poseía para estos temas, comprendió algo que le impedió obedecer la orden.
- pero padre… ¡No puedo hacer eso! ¡Si lo hago ella podría morir!
- ¡Kevin, te digo que apagues la máquina!
- pero padre…
- ¡basta de llamarme padre! – dijo, y con una furia ciega le rompió la nariz.
El niño cayó, y se llevó las manos a la cara, empapándolas de sangre. Miró al señor con miles de preguntas en los ojos.
- ¡no te me hagas el inocente! ¡creí que padecías de una locura o qué se yo, hay de todo en tu colegio! ¡ pero no! ¡me engañaste para que te diera de comer, y un lugar para dormir! ¿creíste que no me iba a dar cuenta? esta mañana fui a hablar con tu director al respecto. Me dijo que poseías una salud mental increíblemente sana, que incluso eras muy sagaz, a pesar de todas las disputas que tuviste con tus padres! ¡ además me mentiste sobre tu edad! ¡me dijiste que tenías catorce cuando apenas llegas a los nue…!
- diez, diez años – aclaró con una sonrisa maliciosa, con la mano aún tapándose el rostro.
- ¡mocoso condenado!
- Si, diez años, y caíste – dijo, orgulloso – Me escapé de casa. No soportaba a mis padres, no respetaban mi religión. Sabía que estabas con este tema del hombre alado, y que pertenecías a Los Buscadores, así que me pareció oportuna una visita, pero no sabía que este lugar estaba lleno de mierda…
- ¡Basta! ¿para que viniste acá? ¿realmente te interesa el tema de Los Buscadores? te estás esforzando en vano. Tu alma está podrida, jamás podrás hacer lo que esta niña, y mucho menos alcanzar la inmortalidad, o la razón.
La expreción de orgullo se borró de la cara del niño.
- ¡Eso no es cierto!
- ¡Claro que si! tu futuro no existe, tu vida está arruinada…
En ese mismo momento, un destello blanco estalló, y todos entraron en trance.
Alma. Ese nombre que los científicos le daban a esa chispa que te daba la vida. Esa chispa de prueba, imperfecta, que creaba tus defectos, pero también tus virtudes. Esa maldita chispa…
Kevin, que había visto más de 3 veces como esos hombres se lanzaban de una al sol, embobados por la avaricia de ver esa cosa que brillaba, no podía permitirse el verlo otra vez. Sería demasiado para su alma. Cuando un alma se intoxica, no hay mas chispa. No hay más vida. Y no podría cumplir su destino. El principal objetivo de los que seguían la religión de los buscadores era, por sobre todas las cosas, descubrir que había después de la muerte antes de morir. Se creía que, lo que había después de la muerte, era tan traumante que destrozaba tu alma por completo y morías después de descubrirlo. Era por eso que los que seguían esa religión cuidaban tanto sus almas. También se creía que mientras más pura sea tu alma, más cerca estabas de la inmortalidad.
Pero lo que Kevin no sabía era que el daño que se había hecho ahora era peor. Lo descubrió cuando despertó. No supo por qué despertó, porque una parte de él creía lo que su supuesto padre le había dicho. Que su alma estaba demasiado manchada como para sobrevivir. Pero vivió aún cuando todos los demás estaban muertos. Sucedió que la máquina se sobrecargó, haciendo morir, no solo a los científicos, si no también a la niña que estaba dentro. Y el sobrevivió, a lo mejor por esa facilidad que tenía para vivir.
Al final, lo único que había impedido que Pía volara no era su alma perfecta, si no la imperfección de los demás. Si Kevin y el científico no se hubieran puesto a discutir, habrían prestado atención al tema, y todo habría salido bien. Pero el hombre no fue hecho para volar, son cosas que nunca pasarán, ni deberían intentarse.
A pesar de estar todo lastimado, pudo levantarse y sonrió. Era totalmente diferente a la chica que había muerto. Con esa inocencia, con ese rechazo al mundo real… Él, con el cerebro tan humano, y ella, con el cerebro tan… pájaro. Si, exactamente, era un pájaro. ¿Cuánto debió mancharse su alma para a haberse muerto de esa forma tan repentina? Estúpida chica pájaro…

domingo, 11 de octubre de 2009

juego

ToDos SomOS NIñoS... pero nadie es inocente

domingo, 27 de septiembre de 2009

siete (apocalipsis) / intr.


Esta historia, como todas las historias, comienza en aquella dimensión extraña y completamente paralela, en la que un grupo de escritores escriben la realidad. Empiezan con diferentes posibilidades, diferentes situaciones, y eligen la que más les gusta. Las desechadas terminan en la sala de “las historias que pudieron haber sido”. Las elegidas vienen a nuestro mundo, y forman parte de nuestra vida cotidiana.
Así, diferentes grupos de trabajadores se encuentran en una sala llena de árboles, y plantas extrañas, escribiendo en cualquier hoja que encuentren.
En eso estaban, cuando entre los árboles, aparece una silueta de persona, de rasgos cuadrados. Por alguna misteriosa razón, la cara de esta persona estaba cubierta por la sombra, y apenas podías adivinar que había tras ese velo de oscuridad.
Ninguno se sorprendió demasiado de verlo, pero todos suspendieron su trabajo para atenderlo. La silueta habló.
- Ya está. Se termina todo. Hay que encontrar una manera de destruirlos.
Un murmullo se extendió entre los diferentes grupos de escritores. Eran murmullos de sorpresa y de irritación. Entre ellos, se repetían mucho las palabras “¿Por qué?”.
- ÉL se cansó de esperar que solucionen sus errores, debemos admitir que les dimos demasiadas oportunidades, y cuando todo parecía que se iba a arreglar, nos volvieron a traicionar. Se cansó de que ellos sean su única creación imperfecta. Es una mancha que tenemos que borrar.
Todos empezaron a hablar más fuerte. Algunos se mostraban de acuerdo, otros no, y otros trataban de mantener el orden.
- Para que esta disputa sea más organizada, representarán a cada grupo de escritores los 5 escritores principales.
Así, de cada grupo salió un representante.
Lis, la escritora especialista en situaciones románticas.
Om, el escritor especialista en filosofía y psicología.
Lu, la escritora especialista en magia.
Arg, el escritor especialista en ciencia ficción.
Y Eff, el escritor especialista en situaciones cotidianas.
La primera en hablar fue Lis.
- No estoy de acuerdo.
- ¿Cuál es tu punto de vista en esta situación? – preguntó la sombra.
- ¿Para qué nos puso a escribir sobre estas personas? ¿para que luego las matemos, así, nada más? ¿acaso cree que no tenemos sentimientos? ¿acaso Él no tiene sentimientos?
Por un momento nadie habló. La sombra rompió el silencio con una risa amable.
- Entiendo lo que querés decir, Lis, pero no podemos dejar que nuestros sentimientos interfieran con nuestro trabajo. No viniste acá para establecer vínculos con tus personajes. Estás acá para escribir lo que se te ordena, y si tu razón no es más que personal, me temo que no será tomada en cuenta.
- De todas formas, no dejaré que todo sea tan fácil. – dijo, con el odio grabado en el rostro.
- Hacé lo que quieras, pero te recuerdo que ÉL no va a permitir que eches todo a perder, podés terminar en la sala de historias desechas.
- Y yo te recuerdo que tu trabajo no es amenazarme.
- No te estoy amenazando, solamente es un recordatorio de cómo son las cosas. Yo no deseo que te encierren, Lis.
Ese comentario suavizó un poco la tensión, aunque obviamente ninguno de los dos iba a abandonar su posición.
- ¿qué opinás, Om?
El escritor lo pensó un minuto.
- Creo que alguna vez tenía que pasar. Pero… esto tiene que tener un sentido. Las cosas no pueden pasar porque sí.
- ¡por supuesto!- exclamó la sombra, jubilosa- por eso ustedes trabajan para nosotros, para que las cosas no sean aburridas y tengan un… sentido.
- si… yo pienso igual que Om- dijo Lu, dudosa- Las cosas no pueden pasar sin una razón.
Arg rió. Todos lo observaron, Lu estaba molesta.
- ¿Qué pasa?- preguntó la escritora.
- ¿ahora vos te ponés a hablar de la razón? ¡la razón! ¿Qué tiene que ver la magia con la razón? ¿ahora te querés hacer la científica?
- ¡la magia no ocurre si no hay una razón!
- ¡No! ¡no es así! Cuando la magia tiene una razón, cuando la magia es real, se vuelve ciencia, y a eso no hay vuelta que darle. – se calmó, y luego agregó, con tono sombrío – Vos… vos no debería estar ahí. Vos no deberías representar ningún grupo ni nada. Vos… deberías estar trabajando para mí.
Lu lo miró con desprecio, y estuvo a punto de replicar, pero la sombra la interrumpió.
- No estamos acá para discutir esos temas. Arg, ¿estás de acuerdo con eliminar a los seres humanos?
- Qué se yo… no se. Es algo que se tiene que pensar bien cómo, nada más. Creo que nadie está feliz con eso, pero… - terminó la frase con una expresión de resignación.
- ¿Y vos, Eff?
Eff, un buen trabajador, pero frío y calculador (dos cualidades no muy buenas para un escritor), miró a la sombra y simplemente dijo:
- que sea lo que tenga que ser.
Lis frunció las cejas a ese comentario tan indiferente, pero nadie dijo nada.
-Ok, por lo que puedo entender, la mayoría de los escritores están de acuerdo con que esto suceda a través de una historia interesante, y, como dicen ustedes, con “sentido” – pronunció esta última palabra de manera extraña.
- sentido- masculló Lis en voz baja.
- ¿Cómo creen que deba suceder esto? – preguntó la sombra haciendo caso omiso a la interrupción de la escritora.
- puede ser… - dijo Om – yo creo que debemos darles la oportunidad…
- ¿esto no se trata del exceso de oportunidades? – interrumpió Eff
- Técnicamente si… pero… esto tiene que ser como un juego. Si, un juego. Han oído hablar… ustedes vieron esas historias típicas de los seres humanos, de esas que un grupo de adolescentes están destinados a ser héroes y salvar al mundo…
- continúa- lo alentó Arg.
- que tal… ¿Qué tal si esto fuera al revés? en vez de que estén destinados a salvar al mundo, estén destinados a destruirlo. Quiero decir… de esta manera usamos las reglas de su propio juego.
- Creo que es una buena idea…- dijo Lu. – pero… ¿Cómo comienza esta destrucción?
- Pensé algo así como un detonante, una bomba.
-explicate- dijo la sombra.
- De modo contrario a las historias de los seres humanos, supongamos que estas personas destinadas a destruir el mundo, viven cerca, pero no se conocen. En el momento en el cual estén todos juntos y hayan lazos de diferentes sentimientos que los unan, una especie de bomba destruirá la raza humana.
- una… ¿bomba?- dijo Arg como si estuviera diciendo un disparate.
- algo así
- No me parece una mala idea – dijo Lu
- A vos nada te parece una mala idea – replicó Arg.
Lu ignoró el comentario.
- Pero… ¿quienes serán estas personas? ¿Cuántas serán? ¿Cómo será su vida? ¿Cómo se encontrarán entre sí?
- He pensado en aquellas leyes que se auto imponen los seres humanos – dijo Om – Me parece una buena idea basarnos en sus leyendas… He pensado en que sean 7 personas, y que cada una represente a un pecado capital.
- no- dijo Lis.
- ¿Cuál es tu problema ahora, Lis?- dijo la sombra.
- No creo que eso sea correcto. Para los seres humanos, el 7 es un número sagrado, debería ser el 6, el número del diablo.
- Pero el hecho de que el número de los pecados capitales sea el 7… ¿no lo vuelve a este también un número maldito? – pensó Om en voz alta.
- Bueno, para mí hay un pecado capital totalmente innecesario, y de los demás no estoy muy segura, pero eso si, no estoy de acuerdo con los humanos en ese tema.
- ¿Cuál es ese tema?
- No creo que lo que ellos llaman “Lujuria” sea un pecado. Se supone que en el amor no deberían haber reglas.
Om revoleó los ojos y dijo:
- Los seres humanos no son tan románticos como pensás, Lis. Muchas veces solo caen a una tentación estúpida y perversa.
- Pero no siempre.
- No, no siempre, pero la lujuria solo se aplica a esos casos.
- No es cierto, También se considera lujuria la relación entre un cura y una mujer, a veces incluso entre dos personas del mismo género, o entre dos familiares.
- Eso ya se escapa de mis manos, hay cosas que no podemos cambiar, y, como dije antes, la idea era seguir su juego.
Lis tuvo que aceptar otra vez su derrota, lo cual no la puso de muy buen humor.
-Entonces 7 personas… - murmuró la sombra.
- Si, pero a lo que iba antes, creo que debemos darles la oportunidad de salvarse- Dijo Om.- Como bien saben, nosotros tenemos el poder de marcar pautas, personalidades, consecuencias, y otros temas como el clima, etc. pero no podemos controlar a los humanos… No los obliguemos a destruirse, dejemos que ellos decidan.
- ¿Cómo hacemos esto?- preguntó Arg, pero por alguna razón no parecía conforme con su pregunta.
-Mandémosles señales…pistas. Veamos si la curiosidad los traiciona.
- Solo queda elegir a las personas. – dijo Lu.
- Esperá, necesitamos ver quién está de acuerdo… Lis, ¿Qué opinas?
- Supongo que si tiene que pasar de alguna forma, que sea esa- Dijo Lis, enfadada.
- Om fue el de la idea, así que… ¿Lu?
- Me parece que está bien. – dijo, satisfecha.
- ¿Arg?
- ¿Para que me preguntás? La mayoría ya está de acuerdo
- Creo que sería útil conocer tu opinión.
- Esta historia es la cosa con menos sentido que oí en mi vida, pero está bien si ustedes lo creen así…
Lu lo miró con una expresión de desesperación y dijo:
- ¡Estoy harta de que para vos todo tenga que tener un sentido! ¡Basta! ¿Acaso no podés ser feliz sin una razón?
Arg la miró seriamente, pero no dijo nada.
- ¿y vos, Eff?- Retomó la sombra.
- Es una historia un poco disparatada, cierto, pero interesante.
- Bueno, entonces estamos todos… casi de acuerdo, ¿verdad? En ese caso, solo nos queda elegir a las personas.
Y entonces sacó, como por magia, 7 perlas extrañas, bastante grandes, y de un color avioletado, pero variado en muchos matices. Estás perlas tenían algo negro en el centro, y eran muy brillantes. Flotaban arriba de las manos de la sombra.
-Cada una de estas perlas representa a las 7 personas elegidas. Estas personas viven en el mismo barrio, pero muy pocas se conocen, o se vieron alguna vez. Como saben, cuando escriban sobre estas personas, solo tienen que.. – En ese momento se interrumpió, agarró una de las perlas y las abrió como si fuera una cajita- Meter las prosas aquí dentro, y se convertirá en parte de su vida. Estas personas tienen ciertas relaciones con el pecado que se les ha asignado, aunque hay que tener muy buen ojos para verlas. Ustedes solo les enviarán los mensajes, es decir, las señales que los incitarán a conocerse. Luego vemos como ellos reaccionan.
- Una pregunta – dijo Lu - ¿Cómo recibirán las señales?
Casi pudo verse una sonrisa detrás de la sombra.
- que pregunta… de la forma que cause más curiosidad, a través de los sueños.